25 de noviembre de 2008

Chile ... país tránsito o consumidor de drogas ?

La semana recién pasada visitó Santiago, el Secretario de Estado adjunto para Asuntos Antinarcóticos Internacionales de Estados Unidos David Johnson, quien participó en el 44° periodo ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana para el Control y Abuso de Drogas (CICAD).
En su exposición, señaló que prevé un aumento del tráfico de drogas en Chile, fundamentando su planteamiento en el veto efectuado por el Presidente de Bolivia, Evo Morales, para que la agencia antinarcóticos de los Estados Unidos, DEA (Drug Enforcement Administration), pueda colaborar en la investigación del narcotráfico en ese país y en la erradicación de los cultivos de coca.
Tal como lo señala el sr. David Johnson, efectivamente un veto a la actuación de la DEA en ese país, facilita el tráfico como también el procesamiento ilícito de la coca.
El cultivo, procesamiento, tráfico, consumo de drogas y el lavado de dinero, no se realiza en un país en forma espontánea por las grandes organizaciones internacionales, éstas buscan y estudian aquellos países donde pueden operar sin mayores dificultades; los que ofrecen mayores garantías obviamente son los que presentan debilidades políticas.
Nuestro país tiene fortalezas importantes para enfrentar a estos delincuentes, entre ellas podemos mencionar autoridades policiales y judiciales que no están afectadas por la corrupción, los narcotraficantes nacionales no logran horadar nuestras Instituciones y las organizaciones internacionales que han tratado de operar en Chile han sido descubiertas y desbaratadas (Operación “señor de los cielos”-1997).
Algunas de las debilidades que podemos señalar es que limitamos con dos países productores y procesadores de cocaína, tenemos una economía de libre mercado, que no “filtra” acuciosamente los antecedentes de los inversionistas; ocurrió en la operación ya señalada “señor de los cielos” y que correspondía a representantes del Cartel de Juárez que trataron de invertir en nuestro país, es decir lavar el dinero producto del narcotráfico.
En otra esquina de este complejo escenario, Chile es un país un tanto diferente a nuestros vecinos, tuvimos militares que devolvieron el poder a los civiles, una transición pacífica, manteniendo una política económica, que nos ha diferenciado de nuestros vecinos. Esta diferencia no es antojadiza, pues en la encuesta Bicentenario 2008 UC-Adimark, los chilenos acentuamos las diferencias con América Latina, con un 43% de rechazo a que nuestro país le otorgue una salida soberana al mar a Bolivia, existe muy poca o ninguna simpatía por los Gobernantes de los países de la región, es más, el 75% cree que no existe una cultura común entre los latinoamericanos; y estas diferencias en alguna medida son producto de nuestra solidez económica, estabilidad política.
Al observar nuestro entorno, Argentina tiene una Presidenta cuestionada por sus medidas económicas, que al momento de ser electa tenía un 60% de apoyo hoy ha bajado en un 20%, según encuesta de la Consultora Poliarquía, en Perú, Alan García alcanza un 19% de apoyo a su gestión, según la consultora Apoyo, y Evo Morales que pese a los problemas políticos internos, tiene un 59% de aprobación según encuesta Pisos, Apoyo y Mercado. Podemos apreciar entonces que no hay una solidez política en nuestros vecinos. Al asumir su cargo Evo Morales, señaló su apoyo a los agricultores que cultivaban la hoja de coca. Este escenario, claramente favorece el narcotráfico.
Otro rincón de este escenario es el interno. Nuestras instituciones, las encargadas del control fronterizo no cumplen su rol en forma eficiente. La marihuana ingresa principalmente por el Paso Los Libertadores, desde Paraguay, en cantidades de 500 kilos aproximadamente que no logran ser detectadas en frontera.
En cuanto a la pasta base, esta ingresa principalmente desde Bolivia, evidentemente por pasos no habilitados.
En los momentos que la DEA, tenía a sus agentes en Bolivia, existía un intercambio permanente de información con nuestras policías y permitían detectar grandes cargamentos.
En algún momento de mi carrera en la Policía de Investigaciones, ejercí durante cinco años la Jefatura de la Brigada Antinarcóticos de Arica, ciudad en el extremo norte de Chile que limita con Perú y Bolivia lo que me permitió conocer las vastedad de los pasos fronterizos, la altura, el rigor del frío en la noche y lo fácil que era traspasar nuestras fronteras. Aun existiendo minas antipersonales los traficantes bolivianos se conocían las rutas y con su cargamento de 20 a 30 kilos cada uno, en grupos de 6, llegaban hasta localidades cercanas a la ciudad de Iquique o Arica, donde la ocultaban para comercializarla. Hoy, de acuerdo al Convenio de Ottawa, el desminado permitirá por un lado evitar graves accidentes pero por otro estamos abriendo aún más la frontera con Bolivia, lo que facilitará el ingreso de traficantes.
En este nuevo escenario que se presenta, y que lo ha hecho saber el Jefe Antidrogas David Jonson, nuestro país debe prepararse a través de sus instituciones policiales, haciendo un estudio acucioso de la problemática en esa zona, entregando los recursos humanos y materiales que sean necesarios, para controlar el trafico de drogas. La droga una vez comercializada en la zona central, los despliegues de las policías muchas veces son para incautar gran cantidad de papelillos que no llegan a conformar siquiera un kilo de la droga.

Antonio Cubillos Rivera
Analista Criminalístico

11 de noviembre de 2008

Estrategias antidelincuenciales

Uno de los grandes problemas que afecta a nuestra sociedad, sin lugar a dudas lo constituye la delincuencia. El último índice de victimización de Paz Ciudadana Adimark, señala que el 38,3% de los hogares, algún miembro ha sido víctima de robo o de su intento en los últimos 6 meses (2008). Las estrategias antidelincuenciales no han tenido el efecto esperado y así los candidatos a Alcaldes, desesperadamente buscan alguna idea que les permita ofrecer alguna solución a sus adherentes en especial al ciudadano indeciso.

Las encuestas así lo demuestran, el problema de la delincuencia tiene una mayor incidencia cada vez mayor en el desarrollo de una familia; la sensación de temor, la sensación de impunidad, son fundamentales al momento de evaluar la gestión de una autoridad o el Gobierno.

Este problema se ha constituido en un factor de igual o mayor importancia que la salud la educación, y surge entonces como el más reciente problema en la discusión de políticas, lo que explica en parte las dificultades para generar consensos básicos acerca de la verdadera naturaleza del problema y, especialmente, sobre las políticas y programas que contribuyen a reducirlo; una situación nada fácil por la complejidad de los delitos, la habilidad de los delincuentes : el tráfico y consumo de drogas, la violencia escolar, los robos con intimidación o con fuerza en las cosas, las violaciones, las estafas, los delitos informáticos, son algunos de de los hechos cuyos autores corresponden a personas con diferentes perfiles criminales.

El debate ha estado profundamente marcado por factores tan diversos como las posturas ideológicas y filosóficas, los intereses electorales, e incluso, las visiones científicas de los especialistas en el tema. Además, la discusión se ve afectada por un fuerte componente emocional y el sensacionalismo con que muchas veces se trata el tema en los medios de comunicación. Por si todo fuera poco, durante muchos años este debate se ha dado en un contexto de escasa información, carencias en la conducción y una falta de profesionales especializados en estos temas.
Hasta hace algunos años, los problemas delictivos quedaban en la crónica roja, y eran considerados responsabilidad de las policías y de los jueces. Sin embargo ante la violencia que los delincuentes adoptan en la comisión de sus ilícitos, la situación se convierte en un problema social. Así el ciudadano ya no es visto sólo como un objeto de las políticas y del trabajo de las instituciones, sino que se convierte en sujeto activo de su propia seguridad.
En la ciencia aplicada, el científico debe tener un estudio acabado de la enfermedad, para encontrar el antídoto correcto; no se pueden buscar soluciones si no existe el conocimiento acabado de los daños y efectos de la enfermedad que investiga.
En materias de seguridad ciudadana, debe existir el mismo principio. Antes de implementar medidas contra la delincuencia debe existir un estudio, conocer cual es la realidad, de nuestro país, considerando que existen marcadas diferencias culturales entre los habitantes del norte y sur del país, como de la zona central, el perfil de los delincuentes difiere en cuanto a su conducta, personalidad, sino, hay que preguntar a lo experimentados investigadores de ambas policías, respecto a la dificultad que presenta en un interrogatorio un ciudadano mapuche, aymará, o de la región metropolitana que ha cometido un delito. Son diferentes técnicas de acercamiento que habrá que efectuar para obtener su confesión.
Existe bastante información respecto a estadísticas delincuenciales y análisis de ella, sin embargo al momento de estructurar una estrategia para prevenir el delito, se produce una ruptura en el vaso comunicante que debiera existir entre ambas: información – estrategia. Esta ruptura se produce por el desconocimiento de la “realidad” fáctica, lo que ocurre al interior de una población, de los modus operandis, de los perfiles de nuestros delincuentes, como vive una familia. Por esa razón cuando se han tratado de aplicar modelos “exitosos” como “Tolerancia Cero” de Nueva York, Plan Comuna Segura de Canadá, programas antidrogas de Colombia, no han tenido el mismo resultado. Son pocos los profesionales especializados en estos temas, que tengan conocimiento en terreno de nuestra realidad.

La formación e incorporación de profesionales con conocimiento del perfil de los delincuente de nuestro país, el medio en que se desarrolla, su personalidad, como evoluciona en su modus operandis, permitirá crear nuestras “propias” estrategias, pero se ha persistido en analizar académicamente con posturas ideológicas y filosóficas, los cuatro grandes campos de acción de este problema: la víctima, el delincuente, el delito y el control social. Debiéramos aterrizar estas soluciones en los sectores más afectados por los delitos, procurando que los estudios que se realicen deben estar por sobre las apreciaciones políticas partidistas, ya sean de Gobierno u oposición, de esta manera podremos avanzar hacia una sociedad más segura.
Antonio Cubillos Rivera
Analista Criminalistico







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